El ejercicio físico es una intervención terapéutica fundamental en pacientes con cáncer. La evidencia actual demuestra que los programas estructurados de ejercicio mejoran la función, reducen síntomas asociados al tratamiento y contribuyen a la calidad de vida.
1. Reacondicionamiento y salud integral
Los programas estructurados ayudan a recondicionar a pacientes que han sufrido descondicionamiento. La inactividad puede provocar pérdida de fuerza, disminución cardiovascular y afectación emocional (ansiedad, depresión).
2. Manejo de la capacidad funcional en pacientes con ICR
Se recomienda ejercicio funcional aeróbico. Una caminata moderada (50–70% FC máx, 10–45 min, 4–6 días/semana) reduce la insuficiencia y mejora la calidad de vida durante la ChT (quimioterapia) o RT (radioterapia).
3. CIPN: Neuropatía Periférica Inducida por Quimioterapia
El entrenamiento funcional —vibración, coordinación y trabajo sensorimotor— reduce los síntomas de la neuropatía. Debe iniciarse al detectar los primeros síntomas o incluso de forma preventiva.
4. CRF: Fatiga Relacionada con el Cáncer
El ejercicio durante el tratamiento activo mejora la fatiga y la condición aeróbica. Recomendaciones estándar:
- 150 min/semana de ejercicio aeróbico.
- 2 días/semana de entrenamiento de fuerza.
- Flexibilidad los días restantes.
5. Tipos de ejercicio y frecuencia
Los ejercicios de intensidad moderada (caminar a 5 km/h, bicicleta estática) son seguros. El entrenamiento de resistencia funcional debe realizarse 2–3 veces por semana.
Conclusión
El ejercicio físico es una intervención segura, eficaz y esencial. Su impacto abarca desde la mejora de la capacidad funcional hasta la reducción de síntomas severos. La fisioterapia es el eje clave para la prescripción supervisada y personalizada.