Ejercicio físico en pacientes con cáncer

Evidencia, recomendaciones y beneficios basados en guías clínicas actuales

Autor: Jesús Ramiro · 8 de febrero de 2026

Fisioterapia Oncológica · Evidencia Científica · Ejercicio es Medicina

Guía Clínica Fisioterapia Oncológica

El ejercicio físico es una intervención terapéutica fundamental en pacientes con cáncer. La evidencia actual demuestra que los programas estructurados de ejercicio mejoran la función, reducen síntomas asociados al tratamiento y contribuyen a la calidad de vida.

1. Reacondicionamiento y salud integral

Los programas estructurados ayudan a recondicionar a pacientes que han sufrido descondicionamiento. La inactividad puede provocar pérdida de fuerza, disminución cardiovascular y afectación emocional (ansiedad, depresión).

Los efectos son máximos cuando se combinan ejercicios aeróbicos y de resistencia de intensidad moderada a alta.

2. Manejo de la capacidad funcional en pacientes con ICR

Se recomienda ejercicio funcional aeróbico. Una caminata moderada (50–70% FC máx, 10–45 min, 4–6 días/semana) reduce la insuficiencia y mejora la calidad de vida durante la ChT (quimioterapia) o RT (radioterapia).

3. CIPN: Neuropatía Periférica Inducida por Quimioterapia

El entrenamiento funcional —vibración, coordinación y trabajo sensorimotor— reduce los síntomas de la neuropatía. Debe iniciarse al detectar los primeros síntomas o incluso de forma preventiva.

Es vital en adultos mayores para prevenir discapacidades secundarias y riesgos de caída.

4. CRF: Fatiga Relacionada con el Cáncer

El ejercicio durante el tratamiento activo mejora la fatiga y la condición aeróbica. Recomendaciones estándar:

  • 150 min/semana de ejercicio aeróbico.
  • 2 días/semana de entrenamiento de fuerza.
  • Flexibilidad los días restantes.

5. Tipos de ejercicio y frecuencia

Los ejercicios de intensidad moderada (caminar a 5 km/h, bicicleta estática) son seguros. El entrenamiento de resistencia funcional debe realizarse 2–3 veces por semana.

Conclusión

El ejercicio físico es una intervención segura, eficaz y esencial. Su impacto abarca desde la mejora de la capacidad funcional hasta la reducción de síntomas severos. La fisioterapia es el eje clave para la prescripción supervisada y personalizada.